domingo, 12 de diciembre de 2010

Para entrenar, cualquier programa sirve. Para Educar, solo software libre.


Más tarde o más temprano, la computadora va a pasar a formar parte del 
herramental educativo. Una vez que se haya asentado el polvo levantado 
por los profetas de la panacea electrónica, que pretenden resolver 
dificultades estructurales del sistema educativo saturándolo de 
procesadores, podremos ver, sobriamente, que la computadora tiene 
aplicaciones útiles en el aula, como las tienen el libro y el mapa. 

Cuando encaramos la tarea de usar racionalmente recursos informáticos 
como parte de la experiencia de aprendizaje, hay un aspecto de la 
computadora que merece especial atención por parte de los educadores: 
los programas, el software. 

Hay quienes creen que el rol de la escuela es formar para el trabajo y 
la universidad. Si esto es así, si la misión de la escuela es entrenar 
trabajadores sumisos y baratos para mejorar la rentabilidad de las 
empresas, entonces no importa qué software usemos. Pero si la idea es 
educar a ciudadanos libres, conscientes de sus derechos y 
responsabilidades, capaces de cuestionar la verdad establecida, de 
apreciar el arte, de imaginar el mundo que desean y aportar a su 
concreción, entonces es ineludible usar Software Libre: programas que 
los estudiantes y educadores pueden usar, estudiar, modificar y 
distribuir a su antojo. 
Software para todos y todas las escuelas que están comenzando a usar
 computadoras como herramienta educativa a menudo se encuentran con
un obstáculo insalvable: si bien es posible conseguir (en virtud de cuestionables
acuerdos confidenciales entre Ministerio de Educación y empresas monopólicas) 
licencias de algunos programas a bajo costo, las licencias de programas 
avanzados como servidores WWW, bases de datos, ofimática, procesamiento 
de imágenes, audio y video y muchos otros están fuera del poder 
adquisitivo de las escuelas. 

Alguna de ellas, ante la imposibilidad de comprar las licencias, 
prefieren incluso violar la ley antes que privar a los estudiantes del 
uso de los programas, lo que conforma un mensaje actitudinal al menos 
cuestionable. 

Estas escuelas pueden escapar a la disyuntiva, y ayudar a sus 
estudiantes a hacer lo mismo, usando Software Libre: hay una enorme 
colección de programas libres que pueden ser usados para infinidad de 
aplicaciones, sin más trámite que tomar la decisión de hacerlo. Sin 
compras, licitaciones, acuerdos de confidencialidad, ni compromiso de 
evitar que los estudiantes copien los programas. Todo lo contrario: el 
Software Libre está allí precisamente para que todos y todas lo usen 
sin ataduras, lo copien, lo lleven a sus casas, lo instalen en donde 
quieran. 

En lugar de servir de guardián de los intereses de una empresa, 
comprometiéndose a impedir la copia de los programas, la escuela 
recupera el rol de difusor de conocimiento a la comunidad, puede 
convertirse en el lugar de referencia donde la comunidad comparte 
programas, conocimiento y experiencia. 
¡Viva la curiosidad! 
No todos los estudiantes desean convertirse en programadores, de la 
misma manera que pocos de ellos se dedicarán a la literatura, o a la 
matemática, la pintura o la música. Aún así, parte de la misión de la 
escuela es exponer a los niños a estas artes, para estimular su 
curiosidad, para ayudarlos a descubrir el mundo que los rodea, para 
darles los rudimentos básicos para desempeñarse en sociedad. 

El software no debe quedar al margen de este llamado a la curiosidad: 
cada vez que un estudiante desea aprender cómo funcionan los programas, 
la escuela debe alentarlo y apoyarlo en esa inquietud. Cuando esta 
llega a convertirse en habilidad, la escuela debe aprovecharla y 
difundirla, como hace con las virtudes artísticas de sus estudiantes en 
actos y eventos comunitarios. 

El Software Libre es un espacio fértil de estudio y experimentación, en 
el que no hay límites arbitrarios: cada uno puede elegir por sí mismo 
cuánto quiere aprender sobre los programas, limitado solamente por su 
propia capacidad y dedicación. Miles de programas de los que aprender, 
miles de oportunidades mediante las que participar, desde la misma 
escuela, en la construcción comunitaria más grande de la que tiene 
registro la humanidad. 

Si los programas que la escuela usa no son libres, en cambio, la 
escuela se encuentra nuevamente en una situación delicada: las 
licencias de los programas prohíben expresamente estudiar su 
funcionamiento, ni hablar de modificarlo. Aquellos estudiantes que den 
señas de curiosidad sobre el funcionamiento de los programas deberán 
ser reprimidos, con la indignante explicación de que no tienen derecho 
a adquirir el saber al que aspiran. 
Una nueva técnica cultural 
Imaginemos una clase de ciencias naturales en la que los estudiantes 
reciben una caja negra inviolable que, cuando se le aporta agua, hace 
germinar una semilla que no se ve, produciendo el tallo de una planta 
mediante un proceso que permanecerá por siempre misterioso. 
Imaginemos una clase de matemáticas en la que el docente explica el 
concepto de la división, y enseña a usar una calculadora, pero no puede 
enseñar a dividir números grandes porque el mecanismo es un secreto con 
aplicaciones industriales. 

Imaginemos una clase de literatura en la que los estudiantes debieran 
darse por satisfechos con que el docente les contara el argumento de un 
libro, porque el análisis literario está prohibido para evitar la 
posibilidad de que alguien utilice los mismos elementos de estilo, o 
una estructura narrativa similar. 

Estos ejemplos, aparentemente absurdos, reflejan exactamente lo que la 
escuela hace cuando pide al estudiante que use programas no libres: lo 
expone a conocimiento, al mismo tiempo que le niega la posibilidad de 
adquirirlo. 

La construcción de programas de computadora es la técnica cultural de 
la Era Digital. Como la matemática, la escritura, la pintura, la 
música, la construcción de programas es un modo de expresión cultural, 
que nuestra sociedad debe hacer propio. En este sentido, el rol de la 
escuela debe ser facilitar a los estudiantes descubrir estas artes, y 
ayudarlos a dar los primeros pasos. 

Un estudiante que no conoce al menos los rudimentos de la composición 
de textos, que nunca intentó usar pincel y témpera, que no debió hacer 
al menos el esfuerzo de aprender una melodía simple en un instrumento 
musical, que no ha experimentado, en suma, con las técnicas de 
comunicación humana, está en pobres condiciones para desempeñarse como 
miembro pleno de la sociedad. En un mundo en el que cada vez más 
aspectos de la vida humana están mediados por dispositivos controlados 
por software, una persona que jamás intentó plasmar una solución 
algorítmica a un problema simple será tan analfabeta como lo es hoy 
alguien que no conoce las operaciones elementales de la aritmética. 
La escuela necesita Software Libre 
Una escuela que usa software en el aula, necesita Software Libre. Lo 
necesita por respeto a sus estudiantes, para no coartar su libertad de 
aprender, para alentar su curiosidad, para fomentar su creatividad, 
para permitirles hacer suya una forma de expresión cultural esencial de 
su época. 

Para entrenar, cualquier programa sirve. Para educar, sólo Software 
Libre. 

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